En el ring luchaban los ídolos de la afición…

León fue un enclave fundamental en la época dorada de la Lucha Libre en el siglo XX. No era solo que la afición llenara la Arena Isabel para ver a los grandes luchadores de su tiempo, sino que la ciudad formaba y tenía a sus propias figuras, capaces de sostener una temporada local y regional alterna, asegurando así que no decayera el entusiasmo por el llamado pancracio a lo largo del año.

Entre las estrellas locales, destaca por mucho el leonés Luis Carmona Puente, luchador, promotor y particularmente formador de nuevas generaciones de gladiadores. El famoso “Chato” Carmona era el rival a vencer para cualquier ídolo nacional que llegara a la Isabel. Cuando se pusieron de moda las luchas de relevos cobró fama por su pundonor. Pero como maestro fue leyenda.

Su hija María del Rosario Carmona, nos comparte su acervo para ilustrar la trayectoria del “Chato” y con ello abrir una nueva conversación en nuestra memoria colectiva y lúdica.

No menos interesante es la colección de carteles y fotografías que la familia de Bobby Lee -Carlos Alvarado González- nos ha autorizado a reproducir, porque engarzan de manera natural, ya que es hablar de una siguiente etapa de la lucha libre en la ciudad, en México y distintas partes del mundo, más atlética y mediática, donde una figura leonesa como Bobby Lee pudo abrirse paso por su calidad y formación y luego también brillar por sus aportaciones como maestro y especialista en salud deportiva.

Digno colofón de esta primera compilación de la Lucha Libre en León es la serie de imágenes que nos aporta José Luis García-Galiano, apasionado comunicólogo y vivaz promotor de la cultura e identidad leonesa. Tomadas en sus años de universitario, retratan el ocaso de la Arena Isabel a finales de los años ochenta y la persistencia de una afición quizá menos numerosa pero tan entusiasta como conocedora.

La colección, como este repositorio digital, está en permanente formación y evolución. Queda en manos de quien nos lee que el acervo pueda incrementarse y poder disfrutarlo colectivamente, no a dos de tres caídas, pero sí sin límite de tiempo.